Los dientes del Ratoncito Pérez

Efectivamente, los dientes de leche. Esos que cuando se caen de la boca, viene un ratoncito al que nadie ve ni ha visto y se los lleva de debajo de la almohada, dejando a cambio un regalito. Los dientes del Ratoncito Pérez son de lo que vamos a hablar en este artículo, sobre todo para que los papás y las mamás conozcan un poquito más sobre la función de esta primera dentición y sepan cómo ayudar a que sus pequeños cuiden de su dentadura desde el primer momento.

Todos hemos pasado por ese hito en nuestra infancia: el cambio de la dentición. Los conocidos como dientes de leche aparecen, cumplen su función y, cuando llega su momento, caen para dar paso a la dentición permanente. Aunque ya lo hemos experimentado, vamos a adentrarnos en el mundo de estos dientes tan codiciados por el curioso ratón y conocer por qué se caen los dientes de leche, cuántos son, cuándo empieza su caída, cómo saber cuándo están listos para salir y qué es lo que los diferencia de los dientes definitivos.

Los dientes de leche son los primeros dientes que salen en la infancia. Su nombre tiene un origen cultural y etimológico, ya que se les llama así de forma tradicional porque aparecen en la etapa de la lactancia, cuando el bebé se alimenta de leche. Desde el punto de vista clínico, se trata de unos dientes temporales que cumplen con un claro cometido: permitir la masticación correcta, ayudar en la pronunciación de los sonidos y, sobre todo, guardar el espacio necesario que van a necesitar los dientes definitivos.

Sabemos de sobra que los dientes de leche no van a permanecer en la boca para siempre, lo que no quiere decir que sus cuidados no sean necesarios e importantes. Más bien, al contrario. Cuidar de la dentición de leche es imprescindible para que la definitiva salga como es debido y sepamos cómo hay que cuidarla.

Una etapa dental

Los dientes de leche tienen una función y, por lo tanto, cuentan con su propia etapa o ciclo vital. Una de las preguntas que se hacen padres y madres, porque no se acuerdan de cuándo empezó el tránsito en sus bocas, es cuándo se empiezan a caer los dientes de leche. En la Clínica Dental La Merced, donde se aseguran de que niños y mayores salgan con la mejor sonrisa, nos han recordado que los dientes suelen empezar a caer, por lo general, entre los cinco y los siete años de edad, terminando el proceso entre los once y los doce años.

A lo largo de esta etapa se reemplazan los veinte dientes temporales: diez en la arcada superior y diez en la inferior. El orden típico de caída empieza en los incisivos centrales inferiores, a los que siguen los superiores, continuando su caída hasta los molares temporales. Factores como la genética, la nutrición y los hábitos de higiene bucal del peque impactan en la cronología y la forma en la que se produce la caída de las piezas.

La caída de los dientes de leche es un proceso biológico diseñado a la perfección en el que, a medida que empiezan a empujar los dientes permanentes desde abajo, se produce una reabsorción gradual de la raíz del diente temporal. Una vez que la raíz desaparece por completo, el diente pierde el soporte natural que tiene y se vuelve móvil. Las principales señales de que un diente está preparado para su caída son la movilidad dental, más evidente con el paso de los días; las molestias leves al masticar sin que llegue a doler; y la separación o inclinación de la pieza respecto a los dientes adyacentes.

Durante este proceso de caída, es importante evitar cualquier práctica con la que se pueda forzar la caída del diente, como las típicas de atarlo a un hilo o aplicar presión externa. Los dentistas advierten que hacerlo puede causar sangrado, infección o daños en la encía. En aquellos casos en los que el diente no cae de forma natural o existe un dolor persistente, lo mejor es acudir al dentista para que extraiga el diente de leche en caso de que sea necesario.

A simple vista, dientes de leche y dientes permanentes parecen iguales. Lo cierto es que tienen unas diferencias estructurales y funcionales bastante relevantes. El tamaño y la forma son un claro ejemplo de ello. Los dientes de leche son visiblemente más pequeños y tienen unas raíces más delgadas y cortas. No es una casualidad; es así para adaptarse al tamaño de la mandíbula del niño durante el crecimiento. En cambio, la dentición definitiva es más grande, tiene coronas más robustas y unas raíces profundas.

El color de los dientes temporales suele ser más blanco o presentar un leve tono azulado, ya que contienen menos dentina; los dientes permanentes tienen un tono más amarillo debido a la mayor cantidad de dentina que poseen y un esmalte más translúcido.

La estructura interna y la función de las raíces también varían. En los dientes de leche, las raíces se reabsorben de forma natural con el paso del tiempo, permitiendo que se afloje el diente y caiga sin dolor cuando el diente definitivo está preparado para salir. Las raíces de los dientes permanentes son más largas, firmes y están destinadas a anclarse de forma duradera al hueso.

El cuidado de los dientes de leche

Cuidar los dientes infantiles es algo que se tiene que hacer antes incluso de que aparezcan los primeros. Desde los cero hasta los seis meses, la higiene de las encías pasando una gasa húmeda tras cada toma ayuda a eliminar los restos de leche; evitar endulzar los chupetes o los biberones, ya que pueden favorecer a las bacterias.

Desde los seis meses hasta los tres años, el cepillado diario desde que aparece el primer diente, con un cepillo dental pequeño y suave y una supervisión constante. A partir de los tres años hay que aumentar la cantidad de pasta y enseñar al peque de la casa a que la escupa sin enjuagar con agua. Un cepillado dos veces al día, antes de dormir y después del desayuno, y utilizar el hilo dental con ayuda de un adulto.

Unos cuidados básicos y sencillos que conviene hacer desde el primer momento para que la dentición del niño tenga como resultado una sonrisa saludable desde su primera infancia.

Existen algunos síntomas que no hay que ignorar, aunque se trate de una dentición eventual. Si se notan en los pequeños de la casa algunas de las señales que vamos a citar a continuación, lo más aconsejable es acudir a un odontopediatra.

Aparecen manchas blancas o marrones en los dientes, lo que puede suponer una señal temprana de caries. Las caries infantiles o caries del biberón avanzan con rapidez y pueden llegar a afectar al nervio.

Las encías inflamadas o sangrantes pueden ser sinónimo de una gingivitis infantil. La acumulación de placa bacteriana en la base de las encías puede producir inflamación de las encías, sobre todo si no existe una rutina adecuada de cepillado.

El dolor al masticar o beber cosas frías o calientes puede señalar la existencia de una caries profunda, un absceso o una infección. Los pequeños pueden no comunicar con claridad esta molestia, pero sí mostrar irritabilidad o evitar la ingesta de ciertos alimentos.

Si un diente de leche permanece en la encía más allá de la edad esperada para su cambio, puede producir una interferencia con la erupción del diente permanente, causando malposición.

Las caídas en la infancia son de lo más común; si un diente se mueve, se cae o se fractura, es fundamental acudir al dentista para que haga una revisión y evalúe los daños internos que pueden haberse producido en el diente o el hueso.

Hacer la primera visita al dentista es algo que la Sociedad Española de Odontología aconseja desde el primer año de vida del pequeño o cuando aparece el primer diente. En esta visita se detectan los posibles problemas que pueda haber y se educa a los papás y a las mamás sobre prevención.

La mayoría de los tratamientos que se proponen para los más pequeños se basan en la prevención y a veces no es necesario otro tipo de intervención. Aunque existen tratamientos especializados y adaptados para la edad y necesidad de los niños:

  • Selladores dentales para prevenir caries en los molares.
  • Fluorización profesional para fortalecer el esmalte dental.
  • Obturaciones o empastes en caso de caries.
  • Pulpotomía o pulpectomía para tratar el nervio en los dientes de leche afectados por una caries profunda.
  • Extracciones programadas si el diente de leche afecta al crecimiento del diente permanente o existe alguna infección severa.

A todo lo expuesto, solo queda añadir que el papel de la alimentación en la salud dental de los más pequeños es clave. Una dieta equilibrada ayuda a prevenir la caries y otros problemas dentales. Reducir azúcares, evitar la ingesta de alimentos pegajosos, ofrecer agua en vez de zumos o refrescos e incluir frutas y verduras crujientes en la dieta ayudan a que la dentadura crezca tan sana como la de los niños.

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