¿Qué características debes buscar en el motor de tu coche?

¿Qué características debes buscar en el motor de tu coche?

A la hora de adquirir un coche, la batería suele ser el elemento de su sistema de propulsión al que más atención le prestamos, puesto que es el elemento que más está evolucionando tecnológicamente aumentando su capacidad y su potencia de carga, lo que repercute directamente en su autonomía. Sin embargo, aunque no le podemos restar importancia, tampoco podemos olvidarnos de otro elemento igual de vital, como lo es el motor.

Este es el realmente encargado de mover el coche y a veces parece algo olvidado. La eficiencia de un motor, la cual depende de su tipología, influye también de forma importante en su alcance. Así, los fabricantes incluyen un compendio de características como la potencia, la durabilidad, la eficiencia, el tamaño y el coste de sus componentes.

Por ejemplo, en un vehículo eléctrico, el motor incluso tiene una doble función: impulsar el vehículo, como propulsor, y generar energía, como generador. La característica de autonomía, pasa a ser un factor clave para los vehículos eléctricos y no es únicamente responsabilidad de la tecnología y la capacidad y rendimiento de la batería; sino también de la eficiencia del motor eléctrico. De ahí que sea tan importante elegir correctamente el tipo de motor que se utiliza en cada modelo.

Por lo tanto, al momento de comprar un coche nuevo, debemos analizar muy bien las características del motor para determinar si es el más adecuado para dicho modelo y le hará frente de forma eficiente a las necesidades de su funcionamiento. Sobre todo, tomando en cuenta que los fabricantes de coches no cesan de trabajar e investigar para conseguir motores cada vez más eficientes, los cuales llenan el mercado de opciones, donde no todas las soluciones que proponen encajan dentro del perfil que buscamos.

Los expertos en motores de Mober, nos dan 7 claves para acertar con un motor que se ajuste a tus necesidades: hay motores de gasolina, diésel, atmosféricos, sobrealimentados y con muchísimos caballos de potencia, así que ¿cuál de estos elegir y que aspectos tomar en cuenta a la hora de hacer la evaluación?

  1. ¿Gasolina o diésel?

Esa es la primera pregunta que debemos hacernos antes de comprar un coche. Sucede que, por norma general, casi todo el mundo prefiere un motor alimentado por gasóleo que por gasolina por su supuesta economía de uso pero, no siempre es así.

Por ejemplo, si sueles realizar más de 20.000 kilómetros al año, te interesa comprarte un coche diésel. Esto porque en un compacto, un motor diésel de unos 100 CV suele tener un consumo medio de unos 5,5 l/100 km. Esto quiere decir que recorrer 100 kilómetros te costará unos 5,5 euros.

Por su parte, los motores de gasolina han mejorado mucho su consumo, volviéndose cada vez más eficientes, pero aún algo más sedientos que los diésel. Así, uno de gasolina dotado de las últimas tecnologías, te gastará unos 6,5 l/100 km. Es decir, tendrás un coste de unos 7,15 euros para recorrer 100 kilómetros.

2. ¿Qué es el ‘downsizing’?

Estos últimos años se ha puesto de moda el uso del turbocompresor para incrementar el rendimiento y, de paso, la eficiencia. La fórmula es bien sencilla: un motor de menos cilindrada asociado a un turbocompresor. Así, mientras antes de solía utilizar un bloque de 2,0 litros para conseguir 130 CV de potencia; ahora, esa cifra se logra con tan solo un 1,6 litros.

Esto tiene una parte positiva, en teoría con un motor de baja cilindrada, el consumo medio será menor pero, por otro lado, estos propulsores suelen ser muy sensibles al tipo de conducción que se les aplique.

Por lo tanto, lo que se recomienda es que si tienes claro que vas a realizar una conducción tranquila, en donde no vas a apretar a fondo el pedal del acelerador en todo momento, deberías comprar un motor pequeño con turbocompresor.

3. ¿Me conviene un motor turbo?

La decisión sobre comprar o no un motor turbo depende de cada caso en particular:

Un motor sobrealimentado suele ofrecer el par máximo a más bajas revoluciones. Esto quiere decir que tiene un mayor empuje y es capaz de recuperar mejor desde la zona baja del cuentarrevoluciones. Por ejemplo, vas a 80 km/h detrás de un camión, circulas con la quinta velocidad y pisas el pedal del acelerador a fondo. Los 175 Nm de par máximo a 1.400 vueltas de un Volkswagen Golf 1.2 TSI empujan con más alegría que los 120 Nm a 6.000 rpm del comentado Mazda3 2.0 SkyActiv. Por decirlo de un modo claro, para conseguir la misma fuerza que el Volkswagen, tendrás que estirar el motor atmosférico hasta las 6.000 vueltas, es decir, debería bajar a tercera velocidad si quieres adelantar al camión con brío.

Así, como norma general, los motores turbo tiene un funcionamiento más eficiente, no siempre son más interesantes, sobre todo si hablamos de los deportivos. De hecho, los fans de los coches de elevada potencia más bien prefieren el tacto que transmite un motor atmosférico: progresivo, suave y con mucho carácter en la zona alta del cuentarrevoluciones. Además que, la conducción al límite de un propulsor turbocomprimido es más delicada por su contundente entrega de potencia.

4. ¿Qué tipos de sobrealimentación existen?

La sobrealimentación consiste en introducir una cantidad extra de aire al interior de los cilindros para que la combustión sea más eficiente y podemos distinguir dos tipos de elementos para ello:

  • Compresor. Los más conocidos de este tipo son los de tipo Root, los cuales se tratan de elementos que hacen girar sus aspas gracias a la fuerza que produce el cigüeñal. Es decir, suele estar conectado a este elemento a través de una correa dentada.
  • Turbocompresor. Este elemento, al contrario que el compresor, se pone en movimiento gracias a la fuerza que producen los gases de escape. No está unido de ninguna forma mecánica con el motor, y es el sistema más utilizado en la actualidad debido a su alta eficiencia.

5. ¿Cómo debe ser la disposición de los cilindros?

Un aspecto que también debemos toar en cuenta a la hora de tomar nuestra decisión es la disposición de los cilindros de los motores.

Primero, hay que partir de que no se comercializa ningún coche con un motor de un cilindro, como si sucede con las motos. En el caso de los coches, podemos encontrar la siguiente disposición de cilindros:

  • Cilindros en línea. Esta es la configuración más común, ya que suelen ser más baratos de construir. Lo normal es que tengan como máximo seis cilindros en línea, como en el caso de muchos BMW.
  • Cilindros en V. Estos suelen tener a partir de seis cilindros en línea y elevadas cilindradas. Los hay V6, V8 (con ocho cilindros) y V12 (con doce). También se han fabricado enormes motores V16. Su funcionamiento suele ser muy suave, ya que apenas presenta inercias interiores.
  • Cilindros opuestos o bóxer. En este tipo los cilindros están enfrentados entre sí. Estos bloques destacan por su bajo centro de gravedad y por el poco espacio que ocupan, y son muy utilizados por Porsche y Subaru.

6. Debe tener cadena de distribución

Intenta que el coche que compres tenga siempre cadena de distribución, ya que este elemento es el que transmite la fuerza desde el cigüeñal a los árboles de levas situados en la culata.

Esto porque la cadena de distribución no necesita mantenimiento, así que es posible que no tengas que tocar nada en más de 20 años, mientras que la correa de distribución (de goma) tendrás que sustituirla cada cierto tiempo o kilómetros.

Asimismo, el cambio de la correa aunque es un trabajo sencillo, es bastante laborioso y, muchas veces también implica cambiar también la bomba de agua (sobre todo si el coche tiene ya unos años), lo que al final termina costando unos 500 euros.

7. ¿Qué potencia necesito?

Al intentar decidir qué motor de coche elegir, conviene tener muy claro el uso que le vamos a dar a nuestro automóvil. Los conductores cada vez solicitan menos prestaciones, suelen circular a unos 120 km/h en autopista y para ello, no son necesarios tantos caballos.

Por ejemplo, en el segmento de las berlinas como el Mercedes Clase E, lo que más estilaba era motores V6 diésel de 250 CV de potencia. Hoy en día, con un cuatro cilindros con 190 CV, es más que suficiente para mover un coche de estas dimensiones.

Igualmente, si necesitas ayuda, esta tabla te puede servir para hacerte una idea de la potencia que necesitas según el uso que tienes pensado para tu tipo de coche:

  • Urbano (Fiat 500): 70 CV
  • Utilitario (Ford Fiesta): 100 CV
  • Compacto (Renault Mégane): 115 CV
  • Berlina media (Volkswagen Passat): 150 CV
  • Berlina grande (BMW Serie 5): 190 CV
  • Berlina de lujo (Mercedes Clase S): 300 CV
  • Monovolumen compacto (Citroën C4 Picasso): 130 CV
  • Monovolumen grande (Seat Alhambra): 160 CV
  • SUV compacto (Audi Q3): 140 CV
  • SUV medio (Mercedes GLC): 160 CV
  • Deportivo (Porsche Cayman): 300 CV

 

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